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viernes, 19 de abril de 2013

Tenía que decirlo

Es bastante duro tener que admitirlo,
y mas aún tener que explicarlo,
pero te sigo amando
y te extraño hasta el infinito
(y un poco mas)

Esto no es un poema,
no es una declaratoria,
no es una canción.
No es algo que se me ocurrió
ayer por la noche 
para llamar tu atención.

No es nada de eso,
es algo que tenía que decir.






lunes, 21 de enero de 2013

Tecnología (cuento)



Dedicado a Josselyn Guzman Flores


Lina esperaba pacientemente el regreso de Charlie, la cena recién servida, aun humeaba en la mesa. Lina, miraba con su cabellera rubia a que la puerta se abriera para que Charlie llegara del trabajo y le dijera que la extrañó mucho, a que la besara y que le hiciera el amor salvajemente como casi todas las noches. Cuando se abrió la puerta del departamento, Lina se acercó a recibir a su hombre, y éste la beso como queriendo devorar esos carnosos labios rosados. 

- Devuélveme el aliento – le dijo él, tratando de contener la respiración
- ¿no te gusta que te lo quite? – preguntó ella dulcemente
- Sí, pero yo lo necesito más que tú – le contestó dejando las cosas del trabajo en el suelo. 

La cena poco importó, porque en ese instante Charlie empezó a poseer a su amante justo sobre la mesa.

- ¡Tengo ganas de hacer travesuras! – dijo él, y ella entendió de inmediato el mensaje.
- La cena se enfriará… - respondió mientras sus cabellos rubios se extendían en el mantel – 

La cena no me importa, me importa más que se enfríe otra cosa – respondió Charlie, mientras metía la mano acariciando sus tersos muslos.
 Lina sintió como temblaron sus piernas. La mano llegó al triangulo de su ropa interior, la cual hizo a un lado para meter sus dedos y hacer círculos en su sexo. Ella sólo gemía moviendo sus caderas en un frenesí volátil, hermoso, rítmico, perfecto. Él no soportó más y le sacó uno de sus senos, para devorarlo y morder el pezón despacio.

- ¡ya no aguanto, dame lo que quiero! – dijo ella, adivinando el resto del acto.
- Y ¿qué es lo que quieres? – en tono retador.
- ¡Quiero tu carne!

Cayendo en la alfombra y sin dejar de besarse, Charlie, hizo a un lado las pantaletas de Lina, y subiendo su falda, se pegó en su entrepierna para besar y lamer aquella rosada y palpitante vagina. Ella seguía gimiendo, cada vez más intenso, hasta que sus labios fueron callados por la boca de Charlie, quien en ese momento la penetró con un movimiento brusco, lo cual hizo que saliera un pequeño grito de dolor y placer. El baile perverso seguía, hasta que el tono de un celular comenzó a sonar. 

- ¿No contestarás? -  preguntó Lina

Sólo miro la pantalla y colgó la llamada, contestando la pregunta de su amante. Fue entonces que levantó a la chica y la llevo a la habitación, para desprenderle sus ropas y ponerla boca abajo, levantando esos hermosos y redondos glúteos. Él empezó a poseerla, como un perro salvaje, hambriento y ansioso, mientras que ella seguía el baile moviéndose en círculos, cada vez más violentos, hasta que estallaron en varias explosiones, inundando todo el ser de Lina, haciendo escurrir sus muslos. Después de tal proeza él cayó rendido a un costado, y recobrando el aliento abrazó a Lina durante unos instantes y poco a poco se quedó dormido. Ella, con satisfacción en el rostro, feliz de haber  complacido a su hombre, tomó su mano y la llevó al pecho dándole la espalda, cerrando los ojos y abriendo una sonrisa.

Al día siguiente, como siempre, ella desde temprano ya había preparado el desayuno y lavaba los trastes, cuando él despertaba. 

- Buenos días, te hice el desayuno, huevos y tocino. – dijo, mientras seguía lavando los trastes.
- No tengo hambre,  se me hace tarde – dijo, mientras tomaba el plato y sin mirarlo lo arrojó al lavadero donde ella se encargaba de la loza. – Voy tarde, nos vemos en la noche – dijo sin reaccionar. 

Lina sólo miró como su desayuno se arruinaba. Sin hacer ningún gesto, y sin expresar emoción alguna, siguió en sus labores. Al caer la tarde Lina esperaba pacientemente el regreso de Charlie. Miraba con su cabellera rubia a que la puerta se abriera para que Charlie llegara del trabajo y le dijera que la extrañó mucho, a que la besara y que le hiciera el amor como casi todas las noches. Fue entonces cuando sintió una extraña sensación en su cuerpo, algo que no había experimentado antes, una sentimiento de vació, como de tristeza. Se sintió efímera, perecedera, había algo que no entendía, ¿Por qué a veces él disfrutaba de sus compañía, haciéndola sentir única, y otros días pareciera que no valiera nada, como si fuese un objeto más de esa casa gris? Lina se miraba en el espejo del baño mientras pensaba que él sólo la utilizaba, cuando escuchó que su amante llegaba a la casa, haciendo toda clase de ruidos. Lina se asomó discretamente en la habitación, y vio como Charlie había traído a una de sus amigas del trabajo, una chica de cabello oscuro a la que besaba y desnudaba con la misma ansiedad con la que le había hecho el amor a ella la noche anterior. Sin hacer ningún tipo de ruido se acercó para ver como él tocaba a aquella chica, cómo metía su mano entre sus piernas y como su lengua recorría el cuello de aquella morena.

Fue entonces cuando la chica se dio cuenta de la presencia de Lina y el acto sexual se detuvo.

- ¡Mira! ella nos está viendo… - interrumpió la chica de cabello oscuro. 
- ¡¿Qué rayos haces aquí?! ¿Carajo?! – dijo levantándose molesto y sacándola de la habitación – 

Quédate aquí y no vuelvas a entrar así – dijo cerrando la puerta.
Lina sólo mantenía la mirada perdida y seguía sintiendo esa sensación de vacío. Se supone que ella no tenía que sentir eso. No podía sentir ese cúmulo de cosas que sintió cuando escuchó los ruidos sexuales que salían de la habitación, gemidos, gritos, jadeos. Lina no dejaba de verse en el espejo del baño, preguntándose que se supone que debía hacer. “¿Será acaso que esto es lo que le dicen ‘tristeza’?” se preguntaba. Lina se sentía sucia, utilizada. Tenía una necesidad tremenda de ‘limpiarse’ y a pesar de meterse en la ducha, no podía sentir el agua. A pesar de que empaparse por completo, y de que el agua recorría su cuerpo, no podía sentirse limpia.  

Después de un rato, la chica de cabello oscuro salió de la habitación fumando un cigarrillo, a medio vestir, y se dirigió al baño a lavarse la cara, y ahí, Lina, impávida, sobria, envuelta en una bata de baño. Sólo la observaba lavarse el rostro, acto seguido, la chica le pregunta a Lina 

- ¿qué se siente ser lo que tú eres? ¿qué se siente no sentir? A mí no me engaña nadie, he visto cómo lo observas, cómo te comportas. Creo que hemos ido muy lejos. Sé que sientes algo… - dijo, sin esperar la respuesta a ésas interrogantes
- Me voy muñequita, no te preocupes, no me lo pienso quedar…

Lina, sólo se quedó pensando, siempre con esa mirada inexpresiva, haciéndose en todo momento la fuerte, y siempre tratando de ubicarse en el papel que le correspondía, ella solo era un amante más. 
Después de despedir a su amiga, Charlie, se quedó sentado en la cama de su habitación. Lina se acercó a él, acariciando su espalda desnuda, con la más tierna de las dulzuras, y con tanta devoción, llena de amor, interrumpió su cigarrillo con una frase articulada desde lo más hondo de su ser. 

- Charlie, creo que…Te amo – dijo con su frágil y tierna voz – no me guardes rencor, pero en tus brazos me siento una mujer completa. 

En ese momento Charlie supo que algo estaba mal. Tomó a Lina de los hombros y con cinta, silenció para siempre ésos hermosos y rosados labios y envolvió el resto del cuerpo con bolsas de plástico. Condujo durante casi una hora en esa madrugada con la chica silenciada, pero dócil, en el asiento trasero hasta la fábrica de U.S. Robots and Mechanical Men y dejó a Lina en la puerta gris de las devoluciones con una nota que decía “Androide defectuosa”. 




domingo, 18 de noviembre de 2012

El Hombre Que Murio Dos Veces (fragmento)

(aquí traigo un fragmento de mi cuento de Ciencia-Ficción que mandé para un concurso del Instituto Nacional De Astronomia. Por cuestiones de derechos no puedo subir todo el cuento, así que solo dejó aquí la parte introductoria del mismo)


El Hombre Que Murió Dos Veces

Por Leo Hernández

La vista de Saturno es hermosa. A veces no se puede pensar bien cuando tienes el cañón de un arma detrás. Extrañamente me preocupaba más por recuperar el aliento, para ver aquella hermosa estampa que  los que me perseguían, me he vuelto lento. Y henos aquí, contemplando el hermoso Saturno a las afueras de Xanadu, la ciudad más importante de Titán.

 Titán es un gran lugar para vivir, no me extraña que sea una de las colonias humanas mas importante, una importante zona empresarial y turística…lástima que también está lleno de corrupción, de mafia, de muerte. Hemos llegado a un punto donde, como humanos, no nos importa seguir logrando nada.

-          Ya no tienes a dónde ir, tendrías que romper la cúpula para escapar…te lo advertí, y no hiciste caso.  – escuché a lo lejos, mientras mi verdugo se acercaba.

-          Entonces qué esperas para dispararme Jhonny, no voy a rezar, ni a suplicarte, así que dispara y déjame en paz – dije mientras volteaba para enfrentar a mi perseguidor.
-          – Tu… tú mataste a mi hermana Joss…
-     –  No me vengas con ésas historias, yo la amaba y lo sabes, ¿Por qué habría de matarla? – le contesté mientras llevaba mi mano a mi bolsillo
-           –      ¡Las manos donde las pueda ver!
-           –  Cálmate, Jhonny, si estuvieras tan seguro que yo la maté, ya habrías disparado. Sabes que no soy la mejor persona del mundo, y que me persiguen muchos crímenes, pero violar a tu hermana no es parte de mi repertorio… - dije mientras sacaba un medallón
-         – Fuiste el último que la vio con vida – dijo Jhonny, mientras su ojos se llenaban de lágrimas. Y dudó un poco.
-         – Joss defendió su vida hasta el final, ella peleó…yo la vi morir, tenía sangre bajo sus uñas, y un medallón con un holograma… - dije arrojándole el medallón -  de seguro tu sabes a quien pertenece, él es el asesino.
– Jhonny tomó el medallón y al abrirlo, el holograma en video comenzó a reproducirse, su cara ahora no podía creer lo que estaba viendo.
–  Fue en ese instante que llegaron los demás rebeldes, y al frente Khryz, el mutante líder de la rebelión. Jhonny guardó muy bien el medallón.

-       –    Muy Bien Jhonny, atrapaste a este bastardo…la armada te compensará – dijo el mutante
-         No puedes hacer nada Khryz – le dije en tono sarcástico - el Mandatario dará un discurso ¿te lo vas a perder? Ustedes ya perdieron.
-       –  ¡Idiota! Nuestra forma de pelear va más allá de la simple acción armada, y de poner bombas. Tráiganlo con vida. Necesitamos al profesor – le ordenó a sus camaradas mientras me golpeaban y me esposaban...


miércoles, 9 de marzo de 2011

Miercoles de Ceniza: ¿Nancy?

Maru sigue caminado nerviosa,
de un lado para otro, rostros alargados cubiertos por cenizas hipócritas.
¿Qué le dirá cuando se vean? ¿Se acordará de ella?
Tranquilidad, urgente tranquilidad; de nuevo al vacío
que dejaron sus pasos y su olor
pendientes en un hilo, el peso
eterno de la pasión. Después de todo lo que pasó, después de todas esas cosas,
de los reclamos de la familia, de las preguntas incómodas, de los "¿pa' cuándo te casas?"
o de los "ya quiero ser abuela", y las fotos perdidas de hace años,
cuando las cámaras capturaban los sueños y no los rostros.
Nancy había sido presente,
pero nunca futuro.
Diarios viejos, polvo, cortinas desgastadas
Ahora Nancy está esperando un niño…
o niña.
“ojala se parezca a ella”
¿Qué le dirá cuando la vea?

Nancy aparece por detrás:
“Hola, ¿Cómo has estado?”
¿Que le dirá cuando la vea?

jueves, 3 de marzo de 2011

El Torso

Una mañana me levanto,
después de un poco placentero sueño,
y para saciar mi boca seca voy al refrigerador por un jugo de naranja,
y cuando abrí la puerta, ahí estaba:
un torso humano junto con una revista de moda y una pistola,
junto a la leche, y a un lado de los tomates.
Cerré la puerta, fingiendo que no vi nada, aún somnoliento.
Abrí de nuevo la puerta del mueble,
y ahí seguía.
Cerré de nuevo la puerta y me recosté en el sillón pensando
¿Qué hacía en mi refrigerador un torso humano?
¿Dónde estaban los brazos, las piernas? ¿la cabeza?
Tenía que ser de un hombre puesto que no tenía senos.
¿y si mi mujer lo usaría para algún guisado?
No, ella no cocina ni un carajo.
¿Qué hacía ahí?
No tenía razón de ser.
Volví al refrigerador para hallar más respuestas,
Y ahí seguía.
Cerré la puerta y me sobresalté.
¿Qué tal si es mío?
¿y si mi mujer lo ve y me reclama: “mira tus cosas, las andas dejando por ahí tiradas”?
Por mi salud mental decidí mejor volver a la cama y olvidar
un poco que había visto un torso humano junto a los huevos y la mantequilla,
esperando, prudentemente, que no sea el mío.

Photo: Cortesy of Suicide Girls (Ellierobyn - Pink Flower)

viernes, 19 de febrero de 2010

Miercoles de Ceniza: Pour Angelique




*supuestamente este mini relato lo iba publicar este miercoles de ceniza, que en México se celebró el 17 de febrero, pero por cuestiones de logística, no pude subirlo*


Cinthya quería gritar, largarse de ahí para siempre. Abrir la puerta del auto y caminar por el asfalto mojado, resbaloso.
Es febrero pero poco importa qué dia.
El abuelo decia que el tiempo era como un niño jugando a las canicas. Cinthya siente lo humedo del suelo mientras la calzada de Tlalpan finge demencia en la inmesnidad de su caos.
El auto intenta segirla, impotente, como buscándole la cara. De pronto se detiene. Hubiese querido acelerar hasta el fondo, para cabara con la poca humanidad que quedaba; ella sigue su camino, entre Putas. Putos y putas.

Tiene Hambre , pero ni importa. El auto se ha quedado metros atras mientras el hombr de barba cerrada la observa a la distancia.

Tiene frío, pero no importa. Su chaqueta se quedó en el asiento trasero y a pesar de la humillación, Cinthya, caminando con la hermosura de su orgullo, sólo se cruza los brazos y baja su mirada. El autógrafo en uno de sus senos: "Pour Angelique, Je taime", se esta desvanenciendo. La lluvia comienza a caer y el hombre sale del auto. Quiere alcanzarla, pero no sabe cómo llamarla, hubiese preferido no sabotear la conquista de una noche. Piensa esto mientras se lleva las manos a la cabeza, pensando ¿qué salio mal?
¿el forcejeo? ¿el sometimiento? ¿la violencia?
¿la penetración?
¿la saliva?
¿el hecho de ser famoso?

El abuelo murió por causas desconocidas, dicen que se ahogó cuando el rio subió, pero Cinthya recuerda haberlo visto bien despues de las lluvias, sólo después de discutir con su madre fue cuando el abuelo enfermó grave. Su madre nunca pudo pedirle perdón. La maldición; el abuelo empeoró despues de su maldición.

La abuela hablaba del poder de las brujas.
Leyendas de poblados.

Fue un miercoles de ceniza;
y la maldicion de Cinthya salió de sus labios.

"ojalá te mueras, cerdo..."

Y fue entonces cuando detonó, la cabeza del hombre comenzó a colapsarse, el auto comenzó a arder sin control, los ojos sangraron, oidos, boca, el cerebro. El craneo estalla.

Cynthia sigio caminando entre las prostitutas...


"¡para que con provecho diga que soy una bruja!"

miércoles, 23 de julio de 2008

Contracorriente







Contracorriente(este cuento fue ganador de un concurso interno de cuento en la Fes Aragon 2005)

Por Leo Hernández

Se llamaba Elizabeth, y para ser honesta, sí me asustaba un poco. Verla allí parada con su pantalón verde militar holgado, sus botas negras, su cabello bicolor que oscilaba entre carmesí y oscuro, sus blusa negra sin mangas que combinaba muy bien con su piel pálida. Siempre con esa actitud de antipatía por el mundo, ella era la radical, la que amaba al marxismo y lo destrozaba, la que leía a Blake y a Lutremont y escuchaba a Placebo. Y yo, parada frente a sus uno setenta metros con mi playera blanca de Carlos and Charlie’s mis convers y mis jeans no hacia mas que mirarla de reojo. Quería verla bien, apreciar ese desborde de presencia tan característico de ella, pero no podía, me invadía el miedo, sentía que si lo hacía ella iba a golpearme con su puño cerrado.Para ser honesta, sí me asustaba un poco.
- ¿Oye esta es la fila para la reposición de credencial?- me dijo tocándome el hombro.
- Sí – le respondí tratando de evitar su mirada.
- Órale… ¡¿Cómo pude haber sido tan estupida?! De haber sabido que era tan importante, quizá también se me hubiera perdido…
El comentario hecho en un tono sarcástico me causó una risa involuntaria que trate de esconder pero fui más que obvia, y en ese momento esperé lo peor, esperaba que me dijera algo así como un “¿De que te rías tonta?” o algo parecido con ese tono serio. Al contrario, utilizó un “Hola me llamo…” para entablar conversación.
- Toma, un demo de mi banda… No sabía que ibas en la misma carrera y semestre… nunca me fijo en esas cosas…me dio mucho gusto conocerte Jenny.

Pocos días después nos inscribimos al mismo salón. Y comencé a imitarla un poco. A mi mamá se le salía el corazón cuando teñía mi ropa de negro, me ponía sombra en los ojos y cambiaba mi castaño rojizo a un oscuro azulado. Robert Smith se podía morir de la envidia.
Pronto nos convertimos en grandes amigas, iba a sus conciertos y la poyaba de lejos. Admiraba esa actitud tan desinhibida y tan imponente que proyectaba en todo momento. A veces podía resultar encantadora, con ese toque oscuro típico de ella, o podría ser cruel y fría, y más cuando se trataba de alguien que la había hecho enojar. Ella era capaz de patear a un hombre en los testículos con sus botas militares si le hacía algo que ella no quería. Siempre admiré esa autonomía. Algo que siempre hacíamos era escribir poemas, yo leía los suyos, y ella los míos, después los quemábamos, juntas.
- Realmente no entiendo porqué lo hacemos – le decía yo – realmente creo que lo que hacemos es bueno podemos guardarlos y después, no sé, publicarlos o algo así.
- No digas pendejadas...- me refutó en esa ocasión - la literatura es algo que no se debe de considerar mercancía, si lo empezamos a hacer, se pierde la subjetividad, nos volvemos rentables, la autoridad que tenemos sobre esto que escribimos, se pierde para pasar a manos de otros. Así si nadie lo lee es nuestro y sólo nuestro. Pinche Richard Hamilton...artistas vendidos...
Y me quede callada con la mirada postrada en las cenizas de papel que volaban desesperadas, así sin mover mi cabeza. Tal vez, para ella tenía que ver con algún asunto mas metafísico, alguna experiencia mas espiritual, algo que no me había atrevido a entender hasta antes de conocerla. Éramos la vírgenes suicidas, éramos las
Siendo su amiga, fue cuando conocimos a Ángel, el seudo activista de izquierda que nunca se quedaba callado. Siempre tenía algo que decir, no importa en que clase sea. Como si le fueran a pagar por debatir y expresar lo que piensa. Con ese cabello largo y desaliñado, y esas perforaciones en labios y cejas, así como si no se bañara, Ángel siempre se salía con la suya. “yo discrepo profesor”,”no estoy de acuerdo compañero”, “¿en que se basa?”, “no funciona en una sociedad como la nuestra”, eran sus frases favoritas, siempe con el manifiesto comunista o los apuntes de Mao bajo su hombro...
Para mí era de lo mas común, ese tipo de gente siempre abunda en este tipo de escuelas, por eso se llama universidad, por que representa un universo de ideologías, algunos prefieren otra cosa y pagan por que les pongan 10. Pero Liz se veía muy interesada en él. Cuando opinaba en clase, Liz lo analizaba minuciosamente, como queriendo desmembrar cada parte de su discurso, encontrarle algún error, o algún acierto, algo que ni siquiera ella sabía qué era, pero que cuando lo encontrara, sabría lo que era. Tal vez le atraía esa idea de ser impuntual, de causar problemas, y de ganarse la antipatía de los profesores con sus ridiculeces tratando de hacerse el gracioso que, de alguna u otra forma, sí causaban risa. Eso combinado con una ágil visión, comentarios sardónicos y esa extroversión hacían quizá para ella algo muy fuera de lo común.
Aún así había una profesora a la que muchos le teníamos miedo. Era estricta y exigente, cerrada, cuadrada y absurda, incongruente, temperamental y reaccionaria. Nefasta, era un Mussolini, un dictador latinoamericano en femenino. La amargura habitual de una mujer de su edad, basada en reglas obsoletas de docencia que trataban de ocultar su ignorancia. No recuerdo qué clase era, pero recuerdo que veíamos muchas cosas sobre teorías sociológicas. Que la escuela de Frankfurt, que si Kirkegard, que si la estética de Hegel, que si Ecco, que si Barthes, que si Durkheim, que si no es como yo digo no pasan. En fin.
- ¿A mí eso de qué me va servir? Yo quiero vivir de la música… el arte, por el arte- decía Liz con renuencia a entrar y a escuchar lo que decía la profesora Flores. – Además esa vieja cara de palo me cae mal.
- A mi también no me agrada, pero si queremos graduarnos para ya no venir a esta mugre, tenemos que pasar la materia… - le argumenté tratando de convencerla.
- Ahggg…’ta bien, ok. Pero si me pregunta algo ya sabes, me soplas ¿eh?
En eso siempre fui mas aplicada que ella, con la justificación de que tenía miedo de que la profesora Flores me regañara y me hiciera llorar como ya antes lo había hecho con otros cuando no sabían contestar sus preguntas, o si no habían entregado algún atarea o trabajo, o simplemente por humillar. Parecía que disfrutaba mucho humillando a la gente, y más a los hombres. Pero las mujeres son nos quedábamos atrás.”¡Niña, si quiere hacer algo productivo por este país, conviértase en madre!”. En ese sentido trataba de evitar por cualquier motivo esa situación, tanto para mí y para Liz. A ella no le importaba, pero a mí me aterraba la idea. Tal vez por que desde pequeña siempre me dijeron que si no estudiaba, reprobaría, y si repruebo, no puedo seguir estudiando, y si no seguía estudiando iba ser una fracasada casada a los diecinueve años con dos hijos y embarazada, esperando a un marido mayor que yo, que llegaría ebrio y con poco dinero, todo por reprobar un examen de admisión a los doce. Sí, esta bien, acepto que soy muy fatalista, pero el hecho de infundirme ese miedo a lo que no va a suceder dio resultados hasta este nivel. Por eso trataba de estar al corriente, pues el más mínimo error podría resultar en algo que no quería. Sé, en el fondo que no es así, pero nunca pude ser totalmente como Liz.
Ese día recuerdo que Ángel había llegado tarde como siempre, bueno, no como siempre llegó con un minuto de retraso.
- ¡Ya no puedes pasar!- le dijo la profesora Flores mientras él entraba buscando su butaca.
- Pues…ya pasé. – contestó él, ante la mirada asombrada de todos, que pensamos en ese momento que estaba acabado.
- No, ¡sal del salón!- replicó la anciana.
- Pero si puedo pasar, que usted no me lo permita es otra cosa, pero si puedo hacerlo- dijo el joven justificando el comentario anterior. – es cuestión de lenguaje profesora…
- ¿O te sales tú o me salgo yo? – dijo la maestra con intransigencia… y como Ángel disfrutaba mucho ser el centro de la controversia…
- Pues es libre de hacer lo que quiera …
- Ya van dos y esta es la tercera que te lo pido. Sal del salón y te veo en extraordinarios...faltaba mas...pene con patas tenías que ser...
- Ok, ok, ya…
Ángel salió sonriendo, quizá por que le parecía divertido, o por su propia desgracia.
En ese momento, algo me pasó. Algo se movió en mí y me hizo ponerme de pie y sin saber cómo o de dónde saque fuerzas y dije: “No es justo”. Todos voltearon a verme. La profesora volteó a verme y sentí el infierno en mis hombros. Sentía un color agobiante, y mis labios temblaban. ¿Por qué estaba haciendo esto? Sabía que ese tonto estaba mal, pero aún así quise defenderlo, no por el hecho de que estuviera de acuerdo con lo que le había dicho a la maestra sino por que nadie lo hacía. Nadie se atrevía a decirle que estaba mal por que se lo iba a tomar personal. Nadie se atrevía a espetar semejante “incoherencia”.
- ¿Qué dijiste?- preguntó la profesora Flores como esperando a que yo negara cualquier acusación.
- Dije que… No es justo. –No sé como lo logré – No me gusta la teoría de Kant, pero dice algo que en verdad tiene razón…L-las cosas que hacemos por nosotros mismos sin la influencia de nadie, son las que nos dan la verdadera satisfacción. P-por que es una realización propia y sin ayuda. Yo, yo creo que si estamos aquí, como es mi caso es por que realmente queremos hacerlo, queremos aprender de usted, y no es justo que se nos niegue ese derecho...- no sé como lo logré.
Después de mi tartamudeante discurso esperaba que alguien más hablara, pero no sucedió. La educadora me observó fría y analíticamente, y aún así escupió su maldad:
- Usted se sale, jovencito, y la señorita Juana de Arco lo va acompañar en el extraordinario…siéntese Gutiérrez, si quiere seguir aquí, como dice, pero ya esta reprobada...veremos que tanto aprende de mi...

“Quiero matarla” le dije en voz baja a Liz. “Te Juro que quiero matarla”. Nunca había reprobado. El mundo de pronto parecía demasiado grande.

Después de la Clase, Liz se adelantó y la vi hablando con Ángel y otros compañeros a lo lejos. Cuando me acerqué, él se despidió de nosotras.
- Nos vemos chavas, ah oye…gracias por eso digo, fue muy chido, pero lamento lo del extra.
- Sí, bueno tu ya estas acostumbrado… ¿no?- le dije en tono serio.
- Pues sí, pero tú no… de todas formas te ayudaré por que te metiste en esa bronca por mi culpa. Nos vemos…
Al alejarse le pregunté a Liz sobre qué habían hablado. “Me dijo lo mismo que tú, que la quería matar”
Pocos días después a la clase siguiente llegué como siempre, esperando que no fuera en serio la amenaza de la profesora, y mi amiga y Ángel no llegaban al igual que la susodicha. De pronto llegó Liz con su pantalón verde militar. Con la calma de una medusa de mar se sentó a mi lado. Y me dijo que si quería ver algo “curioso”y me señaló hacia afuera. Cuando salí miré esa escandalosa escena, me llené de pánico ¿que hacían a las afueras de la escuela? ¿Por qué? Eran unas cinco patrullas con varios agentes que llevaban a Ángel hacia una de las patrullas, y todos los compañeros veían la escena con morbo, y maliciosamente murmuraban.
- No manches, ¡¿en qué se metió ese güey?!
- Dicen que fue por lo de la maestra
- Sabías que amaneció muerta en su casa…
- Quisieron simular un robo pero fueron por ella…la policía cree que fue ese güey por que dijo que la quería matar. Todos sabían de eso.
- Hace rato estaban preguntándonos… que si lo había dicho.
- Lo agarraron antes de entrar...lo estaban esperando los detectives...
- Pero no pudo haber sido él…
- ¿Tú cómo sabes? A mi me dijo que le iba a robar su lista para que todos pasáramos. Yo creo que sí, además no era el único.
- ¡No sean idiotas! - Les reclamé con terror- como pueden creer en rumores, no sabemos si él lo hizo, y si de verdad la policía se lo lleva por eso.
- Puedes estar segura que sí es por eso- me dijo Liz mientras me jalaba y me enseñaba un cuaderno con manchas marrón.
- ¿Qué es esto? – le pregunté mientras todos se internaban en la confusión.
- Es la lista… hay que quemarla juntas
En ese instante me quedé en shock, la mire a los ojos, mis manos y mis pies me temblaban con desesperación. No me podía mover, Quise hablar, juro por Dios que quería gritarles a todos que voltearan a verme, con ella, con Liz. Ella notó que no podía hablar y que estaba atónita, entonces me beso y no se cuanto duramos así. Me abrazó y me dijo “Tú siempre haces las cosas como deben ser, no como quieres. Y cuando lo haces no te sale bien. No te preocupes mas, tratas de seguir la corriente. Yo voy contra ella.”


domingo, 24 de febrero de 2008

Dormir con Fantasmas


De pronto el joven, que no sobrepasaba los treinta, se levantó abruptamente esa madrugada calurosa. Se levantó casi desnudo cuidando de no despertarla. Se acercó al balcón donde las primeras explosiones del sol comenzaban a aparecer en el cielo. El cielo rojo amarillento golpeaba sus frágiles ojos grisáceos, débiles aún por el endeble descanso. “A veces las cosas no son tan sencillas” pensaba mientras se sentaba a un costado de la cama. “Tu siempre las haces sencillas” decía en voz baja dirigiéndose a ella. Él la observaba. Veía como esa piel morena, y esas formas torneadas, cubiertas por la sabana se iban iluminando con el sol. Él quiere tocarla, despertarla con un dulce beso, pero no puede. La habitación tenía un olor peculiar, un olor humano, calido. Como a sexo. Como a sangre. Ese olor distintivo de oxidación, mezclado con la sal que proviene de afuera, hacían que la habitación tuviera ese ambiente tan característico, tan único y especial como ella. Con sus cristalinos ojos recordó como la conoció. Una novata en la oficina. Novata, como él lo fue. Como discutían a menudo por el idealismo de ella y la antipatía de él.

“Aunque escribieses enciclopedias enteras, no puedes leer entre líneas, y eso me molesta” decía ella, al replicarle sobre su reprobable actitud hacia las cosas, insignificantes para él, pero valiosas para ella.
- ¿Siempre tienes que ser tan egoísta, y tan soso?, no deberías dejar que ese tipo de cosas ofusquen tu juicio… relájate un poco, no tienes por que gritar…
- Lo que para ti son “cosas”, para mi es mi sueldo, y mi futuro en la empresa…
- Pero esa no es justificación para que seas un pedante…Todos merecen un poco de consideración y de respeto, hasta don Cuco…
- ¿el conserje?
- Hasta él…deberías relajarte, no todo en la vida son números, estados de cuenta, ventas y balances…no se por qué te preocupas tanto, si ni siquiera es tu empresa…solo deberías verme, soy feliz sin tener tanto…

Cosas como la amistad, la honestidad, la lealtad hacia la gente. Aún así, con todo y su romanticismo absurdo, irónico, onírico, él la veía de un modo singular. Tal vez esa arbitrariedad no había sido casual. De pronto las cosas se dieron. Él empezó a buscarla más y a dejar de ver a las chicas a las que él estaba acostumbrado. Chicas que disfrutaban de ir a fiestas de cóctel, acostumbradas a lujos y a banalidades. Sin ese tipo de personas, sólo quedaba ella. La gente dijo que no lo lograrían. ¿Qué sabían ellos? Ella no tenía que estar allí, pero estaba. Ella le mostró mas cosas en tan poco tiempo de las que él, en toda su existencia llena de reuniones, bufetes, desveladas de estudiar duro y de un aislamiento casi vitalicio, había conocido. Todo era nuevo. Todo era, para los dos fascinante. Para ella conocer ese ser humano escondido en esa imagen de profesionista, frío, triunfador y arrogante, y para él, conocer que el mejor acompañante para un moka es la poesía, y el cine francés.
- Deberías leer más a Pacheco, o a Sabines.
- ¿A quién?
- ¿No conoces a Sabines,? Es clásico, el típico poeta con el que los chavitos adoran. ¿Que no has vivido lejos de tus reuniones de accionistas? Como dice Oscar Wilde, la mayoría de la gente existe, casi nadie vive, Tú no vives, sólo existes.
- ¿Eso crees tú?
- Si claro, si no demuéstrame lo contrario…
- ¿Cómo?
- Que pregunta tan tonta…

Y entonces se besaban al salir de la sala de cine. Aunque en la oficina no eran mas que compañeros de trabajo, las miradas, los roces de piel, las notitas en los cubículos precisos marcaban la medida del tiempo que desdoblaban entre las, cada vez más, constantes reuniones de él y el trabajo y los libros de Bacon y Kafka. El duro trabajo de él, empezó a rendir frutos; las buenas relaciones y un apellido respetable hicieron que él subiera hasta un buen punto dentro de la empresa. Pronto tuvieron dinero suficiente para formar un hogar y dieron el gran salto. A pesar de los murmullos insistentes de sus familiares y compañeros, él no se perturbaba. La tenía a ella, a quien unos meses antes detestaba por ser una de las pocas personas que se atrevían a oponérsele. La tenía a ella, a quien meses atrás había sido un ser tan enigmático que lo llenaba de dudas y de temores, y a la vez que le daba respuestas y enseñaba. Era un ser del que se había encariñado con locura. Es un ser al que he llegado a amar con tanta rabia y demencia.
A veces pudo haberse sentido tan grande como valorar demasiado lo que es tenerle en esa forma. Y a veces por el contrario se sintió tan insignificante como para rechazarla de inmediato. Pero al fin, la tenía a ella. Estaba completo. Que importa si de pronto todo se viene abajo y pierde su puesto en la junta. No importaba, pues según ella, no necesitaba más para ser feliz.

Ella por su parte, dándole apoyo, aprendiendo de él y viceversa, ero todo lo que pudiese desear. Obsesionada con la astrología no se cansaba de recordarle que él era un Escorpión frío y ambicioso y ella una Piscis romántica, y que por eso se llevaban bien, y hacían buena química. A ella, fascinada por la idea de tener a un buen hombre, responsable y exitoso, como esposo y padre de el único hijo que quizá tendrían, no le faltaba nada. Estaba segura de que eran almas gemelas. Las almas gemelas jamás morirán.

Ahora, algo no estaba bien. A pesar de ser recién casados algo faltaba. A pesar de tener lo que siempre desearon, algo no funcionaba como debiera. Esa mañana el no dejaba de verla y contemplarla. Pocas veces tenía esa oportunidad, pero ésta era diferente. Sus lágrimas eran abundantes, no podía evitar dejar de hacerlo. Los rayos de sol entraban iluminando la habitación, e iluminando también esa piel de bronce. La luz comenzó a tocar los grandes y negros ojos de la chica, obligándolos a abrirse. Con un poco de desorientación, la joven se sienta en la cama y se talla los parpados, el calor inconfundible de la mañana se empieza a sentir. Es normal en esta época del año y en estas latitudes. Ella también distingue ese olor, un olor humano, como a sexo, como a sangre.

“Malditos sean los de la junta y sus envidias, maldito sea su gobierno y sus mentiras” pensaba. Habían sido demasiado exigentes estos últimos días, lo habían distanciado demasiado. Ella se levanta cubriendo sus hinchados ojos de la luz y va hacia al balcón. A pesar del clima tropical siente un escalofrío que la estremece.

Mientras camina casi desnuda y descalza, pasa por encima de los libros tirados de Cioran, Bataille, y alguno por allí de poemas de Efraín Huerta. Quiere tomar alguno pero las hojas de periódico que cubren a alguno de ellos no la dejan. Los encabezados dicen lo de siempre:
“El peso pierde terreno”, “Manifestaciones paran la ciudad”, “Nuevo plan económico para el año siguiente”, “Nuevo Reality Show un éxito rotundo”, “Joven ejecutivo muere en sospechoso accidente”, Lo de siempre.
Ella mira al sol matutino y comienza a llorar. El escalofrío la vuelve a estremecer. De pronto un nudo en la garganta, la sofocación. Trata de secar ojos con la sábana que trae a rastras, mientras le pregunta al vacío de la eternidad del mar:
“¿Por qué? ¿Por qué tuviste que morir ahora mi amor, ahora que más te necesito?”

FIN