permite que se quede
la noche penetrando,
inflamada de ti,
aborrecida de ti.
Mudo de
la muerte como
mudas de la vida,
cambiándote de verdes
infiernos,
a verdes glóbulos de sangre.
¿Que pasa por tus manos,
y en la cerrazón de ésos días fatalistas?
Pasa que recuerdas el calor de tu madre,
y pasa que no son manos, ni son días,
sólo fatalistas.
Y tienes miedo,
y en un instante
se rompe tu sonrisa,
la que sostiene el puente
que une los crímenes
anteriores a los brazos de un fantasma.
