
Aquí leyendo Supremos de Gerardo Deniz
SUPREMOS
-Mírame a los ojos- exigía mi madre
y yo, siendo inocente,
así le confesaba en silencio culpas falsas.
Cuan legal se sentía, genial casi
con su infalible instrumento jurídico.
Ayer se apagaron las dos luces verdes
que acogieron mi vista condolida sin moraleja
-tan nobles, francas, como sólo un animal
que no planea, concita, premedita,
pone. Aportó 15 años, al no mirarla frotaba
hirviendo sin cesar; amasando a diez gomas
se anunciaba con erres al entrar dodne yo estaba.
Esperaba el amanecer entre pellizas de sátrapa (su último desayuno
fue helado de macadamia). Tomaba luego el sol, pues
el día es bello; la noche, sublime-
el ejército es bello; la policia, sublime-
la tierra es bella: el mar, sublime-
la mujer es bella; el hombre, peor-
a Koshka la asqueaban tales cartabones
y vomitaba ( muy de tarde en tarde) un cilindro seco de pelos
(la belladona Sans Merci- comentaba; el sublime caballo lo tirara)
Intactos todos tus dientes, gata seráfica.
Debo este adjetivo a alguien que, al menos, pasa por ailurofilo,
aunque quien afirme que Sade fue el hombre más libre y natural
merece sólo ser pasto de cretinos.