Para Diana Laura López Díaz
Cuando quise hablar,
El paladar pegado a la lengua,
Porque cuando fuiste luz,
Cegaste,
Fuiste norma
Fuiste pérdida, y perdida,
Y, cuando ayer me contaste tus pesadillas,
que alguien te disparaba por la espalda,
de pronto me sentí más lejos de tí...
Pero hoy es diferente,
Sólo estás tú
yese aliento, que como
patos salvajes bajan a
burlarse de los patos
domesticados,
apagó la luz de la vela...
soplando, soplando, soplando como lobo feroz,
kilómetros de distancia que separan miles de esquirlas
de lo cotidiano...
de lo antaño...
de lo raro...
Digo tu nombre,
después tu rostro,
paisaje joven de dieciocho años.
Digo también tu risa,
después tu voz...voz, mar de ternura;
vos, y sólo vos,
relato irradiante de fuego cósmico y vientos celestiales,
vientos que soplan y apagan la luz tristísima de mis sirios
destinada a morirse como el cigarrillo de tus labios...
burlarse de los patos
domesticados,
apagó la luz de la vela...
soplando, soplando, soplando como lobo feroz,
kilómetros de distancia que separan miles de esquirlas
de lo cotidiano...
de lo antaño...
de lo raro...
Digo tu nombre,
después tu rostro,
paisaje joven de dieciocho años.
Digo también tu risa,
después tu voz...voz, mar de ternura;
vos, y sólo vos,
relato irradiante de fuego cósmico y vientos celestiales,
vientos que soplan y apagan la luz tristísima de mis sirios
destinada a morirse como el cigarrillo de tus labios...

